De mi abuela no puedo decir lo que se dice de todos los muertos. Ella no fue tan buena, ella no fue una santa. Nunca fue de los trigos muy limpios, tenía sus pecadillos, sus secretos. Ella era directa hasta la desubicación y nunca se preocupó de caer bien o mal. Seguido hacía sentir mal a las personas con sus comentarios sin filtro, tenía amigos y enemigos. Hubo quienes la amaron, y muchos que no tanto. Ella no tomaba una copita, se emborrachaba hasta la inconsciencia. Ella no bailaba una canción, bailaba toda la tarde, toda la noche, hasta quedar con los zapatos en la mano y una semana en cama. Lloraba hasta que le corrían los mocos y reía hasta hacerse pipí. Cuando se enfermaba, iba a parar a urgencias. Ella no vivió su vida, la exprimió.
Nunca fue una abuelita típica, se pintaba el pelo de rubio chocolate porque las canas eran cosa de viejas, jamás usó medias gruesas ni polleras de lana hasta las canillas, nunca anduvo con pantuflitas de chiporro ni arrastró los pies, nunca posó para una foto sin sus flamantes dientes postizos. Y eso es parte de lo que recuerdo de ella, sus dientes flotando en un vasito de vidrio, su jardín con olor a tierra mojada, su plaga de caracoles, sus manualidades infinitas: tejidos, pintura en género, policromía en yeso, porcelana fría. Siempre creando. Recuerdo sus regalos, sus paseos, sus invitaciones furtivas a las casas de sus patrones. Porque ella trabajó toda la vida, hasta que el cuerpo la acompañó.
Mi abuela no fue una santa, se peleó con harta gente, mató unos cuantos animales, abandonó un poco, amo hasta las tripas. Se casó embarazada, y dejó a sus dos hijos y a su marido por mi abuelo, el que fue su amante y el amor de su vida, a quién un día le paró los carros y nunca más la maltrató. Se separaron.
Tuvo muchos enamorados, novios, pretendientes y amigos. Viajó un montón, anduvo en buses, en trenes y en aviones. Sufrió bastante, pero no se le notó. Era capaz de seguir como cinco teleseries al mismo tiempo, sin confundirse con las historias o los personajes, le encantaban las novelas mexicanas y brasileras.
Hasta los 10 años vivimos con mi familia en su casa. En las noches iba a dormir con ella. Veíamos el informe del tiempo, macgyver y la reportera del crimen, y era capaz de tejer mirando la tele. Su tele chiquitita en blanco y negro, de carcasa roja. Sólo ella podía tener una tele roja! Yo le miraba sus manos imparables moviendo los palillos, la lana corriendo y corriendo, tejiendo sus chalecos con puntos intrincados. Magia pura.
Sí, mi abuela era un poco bruja también. Vaticinaba con voz grave las cosas terribles del fin del mundo. Por ella adquirí mis primeros terrores infantiles, envueltos en palabras confusas como apocalipsis, armagedón, nuevo orden, muertos resucitados, babilonia la grande, dios, satanás... porque ella era religiosa. A su modo, pero religiosa al fin y al cabo. Incoherente e inconsecuente a su conveniencia, disfrutó de lo terreno y lo divino según la ocasión. Pero su fe jamás flaqueó.
Abrazó en los años nuevos, recordó santorales, sopló velas de cumpleaños y en semana santa no hubo un año en que se perdiera Jesús de Nazareth. Leyó la biblia y predicó a la salida del metro. Me regaló libros y revistas.
Mi abuela no era tan buena, mentía, modificaba y omitía. Pero... ¿quién no lo hizo?
Ella murió el martes recién pasado. Hoy fue el entierro. Yo no fui ningún día. El día anterior a su muerte estuvo en nuestra casa, nos reímos mucho, como siempre. Estuvo feliz y comió rico. Regaloneó a mi hija, la más cercana, las más amada de sus bisnietos, y mi niña le dedicó muchas y hermosas sonrisas. Cuando se fue en la noche, la despedí con un beso y una abrazo. Cúidese - le dije - y que llegue bien. Fue la última vez que la vi.
Mi abuela tenía hartas pifias, no fue la mujer perfecta. Pero fue sin duda la mejor abuela. Me quedo con millones de recuerdos lindos y entretenidos, pasamos muchas cosas juntas, salidas al cine, a tomar helados, a Valparaíso, discusiones, conversaciones, abrazos, palabras divertidas, secretos. Ahora que lo pienso, fue también mi amiga.
Abueli, últimamente pensaba en que no quería ser como tú, a pesar de haber nacido justo en tu misma fecha y ser tu regalito de cumpleaños. Pero analizándolo bien.. pucha que le sacaste el jugo a tu vida! Ojalá me hayas dejado algo de tu voluntad.
Abueli, últimamente pensaba en que no quería ser como tú, a pesar de haber nacido justo en tu misma fecha y ser tu regalito de cumpleaños. Pero analizándolo bien.. pucha que le sacaste el jugo a tu vida! Ojalá me hayas dejado algo de tu voluntad.
¿Y ahora qué va a ser de mis 19 de diciembre sin ti?
Brindaremos por ti, sin duda.

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Bello hasta las lágrimas.
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